
Este fin de semana he tenido la suerte de coincidir con mi familia en ese lugar que tanto nos gusta a todos y por supuesto, que tanto amamos.
Ver a mis hijas ya adultas ser felices y poder compartir con ellas esa felicidad, es un gran regalo, que no cambiaría por nada.
Durante la comida con una agradable charla, hemos disfrutado durante largo tiempo de ese gran placer que es la sobremesa, cuando se está acompañado de las personas que quieres y de un buen café. En algunos casos también, de una buena copa.
Ver transcurrir tranquilamente sus vidas, con sus alegrias y sus penas, con sus dudas, sus inquitudes, su lucha, etc. es un privilegio que no pienso desperdiciar.
Saber que esos dos seres humanos nacidos del amor, son la proyección de uno mismo y ver en esa proyección a dos grandes personas, hacen que me sienta muy satisfecha de ser su madre.
Los valores transmitidos en cuanto a bondad, honradez, lealtad, etc. son un bagaje que les acompañará durante su vida y hará que ellas también se sientan orgullosas de si mismas.
Solo espero poder disfrutar largamente de ellas y de esa maravillosa familia que están creando. Todos nos lo merecemos.
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