martes, 27 de septiembre de 2011

ALFA Y OMEGA

Hace poco tiempo, un dia cualquiera, en un parque cualquiera y en una ciudad que no importa mucho su nombre, disfrutaba con mi nietecita de esas maravillosas mañanas otoñales, en las qued lo coloes, olores y reflejos del sol, son muy especiales. Mi peque parecía tener las  mismas apreciaciones que su abuela, la alegria y felicidad reflejadas en su cara, asi lo demostraba y allí sentadas en un viejo banco, las dos jugueteábamos, con esa inocencia que solo tiene un bebé y de la que solo pueden participar sus abuelos.
La verdad, es que en ese momento no había lugar para la reflexión, las risas de mi nietecita (desde ahora Katy), lo inundaban todo, casi, casi no se podía oir nada de los que nos rodeaba, los gritos de algunos otros niños, los pájaros, el ruido ambiental de los coches, etc.
Pero hubo un hecho que si me llevó a la reflexión, no por no ser consciente de ello, si no por la sensibilidad que tenemos cuando disfrutamos del placer de tener un bebé en nuestros brazos.
Cruzándose con nosotros pasaba un ancianito, apoyado en su garrota, si esa  garrota de toda la vida, que nos podría contar mil historias. Sus ojos conservaban todo el brillo de la pasada juventud. Parecía que iba disfrutando de ese tranquilo paseo, que tenía las mismas sensaciones que nosotras, y que, por supuesto, también era féliz.
Cuando ví que la vida de esos dos seres humanos se cruzaban durante un breve segundo, no pude dejar de pensar en nuestro principio y nuestro fin.
Katy necesitaba de su abuela, que la llevara en su cochecito, ya que no hadado todavía sus primeros pasos. El anciano necesitaba de esa garrota, para que le ayudara a dar sus últimos pasos, ambos con una cosa en común; necesitando mucho amor y una mano firme que les llevara desde el inicio hasta el final.
El anciano pasó, nosotras seguimos jugando, parecía que no había pasado nada, y si, si, había pasado, fuí capaz de atrapar ese segundo de la historia de dos personas, la que empieza y la que acaba. Me sentí privilegiada por tener la capacidad, también de ser consciente del milagro de la humanidad y sobre todo de poder dar las gracias a mi santita, por que estoy viva, por que soy feliz, y sobre todo por que estoy rodeada de las personas a las que tanto quiero.
Gracias.

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