martes, 1 de enero de 2013

DE SAN BLAS Y UN POCO MAS ALLA HASTA CALERUEGA (1)

Cuando el otro día me dirigía a la Iglesia a estar un ratito con Gema, hubo un episodio que me hizo cuanto menos sonreir y por supuesto reflexionar.

En la parte de atrás, es decir en la puerta de la Sacristia,pero ya en la calle, estaba un sacerdote, vestido con la Casulla preparado para oficiar la misa. Si bien es chocante que estuviera fuera del recinto de la Iglesias  de esa guisa más chocante resultaba verle con un cigarrillo en la mano disfrutanto del todo el placer que aporta la nicotina (eso lo sé por experiencia).

Si quisiera hacer un discurso demagogo  (que no lo voy a hacer), diría que los tres o cuatro euros que cuesta un paquete de cigarrillos, que al cabo del mes serán unos cuantos euros y paquetes, se lo podría dar a tanta gente necesitada que problemente hay a su alrededor, y a partir de ahí el debate sería extenso e intenso.

En ese momento pensé que estaba viendo a su ser humano vulgar y corriente, con sus vicios y sus virtudes, con una sola diferencia, que ese fumador  tiene el poder que le ha dado la Iglesia, de perdonar los pecados  a tantas y tantas personas que se acercan a él, humillados y arrepentidos y que en muchas ocasiones son mejores que el propio confesor.
No es que esta reflexión sea muy metafisica que digamos, pero en ese momento, asi lo ví y así lo sentí en mi tramo desde San Blas a Caleruega.

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