lunes, 30 de enero de 2012

EL CUENTO DE LA LECHERA - ESOPO

Siempre me ha parecido que esta fábula de Esopo era mucho más didáctica y apropiada para los adultos que para los niños.
¿Como es posible que algunos adultos, ya casi en la tercera edad, sean capaces de construir sobre humo, fantasía e ilusión? .
Pues para poner a todos esos encantadores adultos con los pies en el suelo, a Esopo se le ocurrió escribir este  cuento, que por sabio ha traspasado varios siglos hasta llegar hasta nuestros dias, con toda la vigencia que tenía en la época que se escribió.
Por si alguien quiere retratarme en lo que escribo en este blog, quizás lleve razón, pero en este caso, yo podría darle continuidad al cuento, diciéndole a Esopo que cuando se rompe un cántaro de leche, no hay problema, se va a por otro, lo único que tardaremos un poco más en comprarnos ese maravilloso vestido verde. Quizás cuando lo tengamos ya no nos interese que nos invite al baile el molinero.
                                                                 
el cuento de la lechera-9788478646807   Dedicado a Roy, que sabe de lo que estoy hablando

.                                      La verdad es que esta encantadora lechera del
                                       cuento si se podría parecer a mi.
                                       Morenita, pequeña y esa cara de irse a comer el mundo,
                                       que por supuesto nunca se comió, y esa sonrisa pillina,
                                       diciendo ... "a la salida te espero".



Una lechera llevaba en la cabeza un cubo de leche recién ordeñada y caminaba hacia su casa soñando despierta.
-Como esta leche es muy buena -pensaba-, dará mucha nata. Batiré muy bien la nata hasta que se convierta en una mantequilla blanca y sabrosa, que me pagarán muy bien en el mercado. Con el dinero, me compraré un canasto de huevos y, en cuatro días, tendré la granja llena de pollitos, que se pasarán el verano piando en el corral. Cuando empiecen a crecer, los venderé a buen precio, y con el dinero que saque me compraré un vestido nuevo de color verde, con tiras bordadas y un gran lazo en la cintura. Cuando lo vean, todas las chicas del pueblo se morirán de envidia. Me lo pondré el día de la fiesta mayor, y seguro que el hijo del molinero querrá bailar conmigo al verme tan guapa. Pero no voy a decirle que sí de buenas a primeras. Esperaré a que me lo pida varias veces y, al principio, le diré que no con la cabeza. Eso es, le diré que no: ¡así!
La lechera comenzó a menear la cabeza para decir que no, y entonces el cubo de leche cayó al suelo, y la tierra se tiñó de blanco.
Así que la lechera se quedó sin nada: sin vestido, sin pollitos, sin huevos, sin mantequilla, sin nata y, sobre todo, sin leche: sin la blanca leche que le había incitado a soñar.


Y... colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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