Dirigiéndome a casa en el metro ¿que más da? podría ser cualquier linea del cualquier metro de cualquier ciudad, pensando sobre todo y con tiempo para ello (me quedaban varias estaciones por delante) , en la extraordinaria película que vi ayer (Midnigh in Paris -Woody Allen-) ¡como no!.El aire fresco de esos grandes toques y pequeños de intelectualidad, su sentido del humor, la fotografia, la música, las maravillosas vistas del viejo Paris, y sobre todo el original guión, me lleva a pensar que este gran y único cineasta está cada vez más vivo.
¡Que lejos y que cerca! de aquellas películas que veiamos en algunas sesiones de madrugada, allá por la Plaza de España, en las que yo aparte de que me podía dormir, no entendía la mayoría de las veces casi nada,...... el amor, la muerte, la amistad, la lealtad, etc. era casi metafísica para mi, creo que sobre todo debido a mi juventud. Casi cuarenta años después comprendo un poco más de la vida a través de él, y por supuesto de mis propias experiencias. Sobre todo tengo la suerte de que no me dejo contagiar de los auténticos toques de pesimismo que salpican mucha de sus películas, por que me creo a pies juntillas que eso es cine y nada más que cine. Eso si, del bueno.
Pues bien, andaba yo en esas reflexiones en las que me sentía orgullosa de haber disftutado de una película con tan grandes toques de intelectualidad, cuando eché una ojeada a los pasajeros que iban a mi alrededor, y os puedo asegurar que el panorama era auténticamente desolador.
No pude ver ni los ojos ni la cara de las dos mujeres jóvenes que iban enfrente de mi. Pegadas cada una a su maravilloso artefacto móvil, parecia que la vida se hubiera parado para ellas. Es muy probable que con tal ensimismamiento se hayan pasado de estación o incluso no sean capaces de llegar su casa.
Bien es cierto que a estas personas tampoco me las imagino viendo una película casi que ni de dibujos animados, pero si enseñando sus voluminosos cuerpos y protuberancias mientras bailan una bachata.
Pero cual es mi sorpresa que ampliando un poco más mi campo de visión, descubro que de nueve personas que íbamos en ese pequeñísimo espacio, seis iban hablando con su móvil o escuchando música o enfrascado en los juegos de que disponen esos maravillosos dispositivos.
No pude evitar pensar que parecian seres humanos logotomizados. Todos escuchando lo mismo , todos jugando a lo mismo, escondiendo tras ese horrible aparato quizás su propia incapacidad de relacionarse con el resto de la humanidad.
A pesar de que soy muy mala con los números, deduje enseguida que en un vagón en el que pueden ir sesenta personas sentadas, unas treinta y seis iban en estado de trance, por lo que preferí no pensar en el número de idiotizados que iban en un comboy de una linea determinada, de un metro determinado y de una ciudad cualquiera.
Con este panorama y otros muhos más sobre los que no me voy a extender ahora, no me extraña que haya desaparecido mi vieja libreria, que por cierto se llamaba CANICA.
Queridisimo Roy, esto no es juzgar, es simplemente opinar.
Gemita
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