Tengo la suerte no solo de poder leer, es decir no solo de poderlo hacer físicamente, si no de que mi intelecto, a pesar del paso del tiempo y espero de que por mucho más, me permita disfrutar cada vez más de ese regalo que son los libros.
Mi vida giró en base a ellos desde que aprendí a leer, y eso os puedo asegurar que fué a una edad muy temprana, ellos me dieron una vida, que por diversas circunstancias, no eran las más apropiadas para el correcto desarrollo de mi infancia. Ellos fueron la evasión de lo que me tocó vivir, me hicieron reir, llorar, volar y siempre, siempre, creerme la princesita del cuento, creo que aún hoy en día me lo sigo creyendo.
Hoy, muchos años después, y trás una época lúgubre, en la que deje de lado a mis mejores aliados, es decir mis libros, he vuelto a retomar la lectura.
Sé que a partir de ahora ya no me sentiré sola, y que ellos si llega el momento de la tristeza me consolarán, acompañarán y seguirán enseñándome día a día algo más de la vida. De esa vida de la que tan duramente hemos aprendido por nuestra propia experiencia.
Hacer el viaje con mi compañero de lectura, al que amo, y con todas las personas a las que quiero es el único regalo que deseo y del que sin lugar a dudas gozaré durante mucho tiempo.
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